Es el símbolo no solo de la actual Roma, sino de un imperio que dominó el mundo durante siglos. El Anfitreatro Flavio, que así se bautizó hace casi 2.000 años, fue uno de los elementos fundamentales para la gobernabilidad de la ciudad. Bajo el lema «panem et circenses» (pan y circo), congregaba hasta 50.000 personas en cada uno de sus eventos (peleas de gladiadores, recreación de batallas…). De este modo el Emperador apaciguaba los ánimos del pueblo, y ya de paso se daba un baño de masas.
Tras la caída del Imperio Romano, el Coliseo sufrió expolios, terremotos, incendios… pero nada de eso pudo acabar con su grandeza. Delante de sus imponentes ruinas reconocerás que estás ante una parte muy importante de la historia, y ese sentimiento solo es posible en un puñado de edificios en todo el mundo.
Panteón de Agripa
El Panteón de Agripa, también conocido como el Panteón de Roma, es una de las obras maestras de la arquitectura de la capital italiana. Es el edificio mejor conservado de la antigua Roma.
La construcción del Panteón actual se llevó a cabo en tiempos de Adriano, en el año 126 d.C. El nombre de Agripa viene dado porque el lugar en el que está construido el edificio actual estaba anteriormente ocupado por el Panteón de Agripa, construido en el año 27 a.C., que quedó destruido debido a un incendio en el año 80 d.C.
A principios del siglo VII el edificio fue donado al Papa Bonifacio IV y éste lo transformó en una iglesia, por lo que en la actualidad presenta un perfecto estado de conservación.
Monumento a Vittorio Emanuele II
Situado en la gran Piazza Venezia se construyó en honor a Víctor Manuel II, el primer rey de Italia y se ha convertido con el paso del tiempo, en otro de los atractivos turísticos de Roma aunque en su momento, entre los ciudadanos de Roma no fue muy bien vista su construcción ya que destruyeron una parte histórica de la ciudad y debido a esto le dedicaron algunos apodos como el de «la máquina de escribir» por su peculiar forma.
Además de subir las escaleras para acercarte a la tumba del soldado desconocido, merece la pena subir con el ascensor a la terraza superior para disfrutar de unas fantásticas vistas panorámicas.
Fontana di Trevi
No nos equivocamos demasiado si decimos que es la fuente más famosa del mundo, sobre todo tras el “Marcello, come here” de Anita Ekberg en la película “La Dolce Vita” de Federico Fellini. Así que es sin duda uno de esos lugares que visitar en Roma. Además de ser la fuente más bonita de la ciudad, también es la más grande, con 26 metros de alto por 20 de ancho. El efecto de grandeza se potencia cuando, tras callejear por este laberíntico barrio, te encuentras de repente esta obra maestra frente a ti.
Eso sí, al ser un espacio reducido, es importante que la visites en horarios un tanto extraños, para no coincidir con demasiada gente. Con la iluminación nocturna además adquiere otra dimensión todavía más espectacular.
Plaza de España
Es uno de nuestros rincones favoritos de Roma (y de otros miles de turistas). Si la Plaza del Campidoglio es pura historia y la Plaza Navona es monumentalidad, la Plaza de España es elegancia. Está rodeada de las calles más lujosas y exclusivas de Roma, y la zona siempre ha sido un centro de reunión de poetas, artistas y literatos. Por lo que la cosa viene de lejos.
Aquí lo suyo es sentarse en la famosa escalinata que asciende hasta la iglesia de la Trinità dei Monti (mejor si es con un tiramisú del Pompi), y contemplar el ajetreo alrededor de la Fontana della Barcaccia, obra de Bernini. Pero no te relajes demasiado, sigue subiendo para llegar hasta lo más alto y contempla las maravillosas vistas sobre los techos de la capital italiana, especialmente al atardecer… Uno de los mejores lugares que visitar en Roma.

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